Cartas a los ángeles caídos...
Locura, al oír del suicidio de un bufón
preso de su escenario clandestino.
Crónica muda y trémula,
asqueada en el borde de su amasijo neuronal,
que alguna vez fue aborto
y otra vez fue estigma anal.
En el altar de un incubo
y la tranquilidad de un polen
amargo y dulce como la jeringuilla
narcótica de una brutal punzada
de heroína ofrecida como holocausto.
A una alma robusta y pérfida,
habitante de el ultimo callejón en el mas allá.
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